Había sostenido el control durante demasiado tiempo. Esa noche elegí soltar. No fue sumisión — fue la decisión más poderosa que había tomado en mucho tiempo.
Le pregunté qué lo encendía de verdad. Lo que vino después no fue solo su respuesta — fue una noche entera que empezó con palabras y terminó con el cuerpo diciendo lo que las palabras nunca podrían haber dicho.
Hay un punto en el que el cuerpo se cansa de actuar y exige verdad.