Esta vez fue ella quien avanzó. Sin timidez, sin permiso, con la certeza de quien sabe exactamente lo que quiere y ha decidido tomarlo. El quinto encuentro — cuando la energía cambia de manos y todo se transforma.
Sus dedos empezaron en el brazo y no pararon. Lento. Deliberado. Sin urgencia. El tercer encuentro de una historia que ya no podía contenerse — cuando el tacto se convierte en el idioma más preciso.